jueves, 7 de julio de 2011

La ocasión la pintan calva

Ahora lo entiendo todo, el apodo que nos puso mi amigo Tomaso no era por casualidad, el lo sabía, los había conocido, nosotros todavía eramos demasiado jovenes.
En aquel tiempo, en la calle Benasque imperaban las penumbras y aires viciados de la barranquina, y allí comandando operaciones y repartiendo el juego estaban ellos, practicamente mimetizados con los subsuelos y con aquel aire viciado que allí reinaba, eran los radicales, el orígen del fín de la trilogía, el nacimiento de una saga, ni fatales heavys, ni malditos rockeritos ni neo-radicales, ellos los escorialisimos eran los que sabían de esto manejandose a su antojo en la movida grausina con sus camisetas negras, su botellin y si cigarrito en la boca.
Tras silenciosas observaciones y tras poner en práctica todo lo que aprendimos conseguimos que nuestra mimetización fuese casi tan perfecta como la suya, estamos preparados para tomar el testigo, para convertirnos en lo que siempre nos llamó Tomaso, en los neo-radicales, somos el fin de la trilogía, quizá los últimos de un selecto grupo, los últimos hechos de otra pasta, esa que distingue a los que van a dejar huella.
Jartisimo Escorial, Escorialisimos Jartos.